Periodismo de guerra

Como recoge la Revista Latinoamericana de comunicación Chasqui “el primer corresponsal de guerra del que tenemos conocimiento, Tucídides, hubiera podido tomar partido por el bando ateniense, en la Guerra del Peloponeso, siendo él mismo ateniense. En su lugar, hizo de la objetividad su meta y procuró cubrir la historia desde ambos puntos de vista, presentando la posición espartana tanto como la de la alianza ateniense, y esforzándose en mantener el equilibrio por encima del sentimiento patriótico”.

¿Quién es un corresponsal de guerra? ¿Un profesional de la información en terreno de conflicto? En primer lugar, como Tucídides, debe tratarse de un reportero que tenga clara su misión neutral en el campo de batalla, su trabajo no consiste en hacer propaganda de “los buenos”, sino que debe reportar lo que realmente sucede en la guerra.

Dejar atrás la comodidad occidental y optar por una vida de riesgo y aventura no es común hoy en día, pero hay profesionales dispuestos a ello. Ser periodista de guerra no es ninguna broma, conlleva riesgos  que el periodista debe estar dispuesto a asumir antes de irse. El último ejemplo de ello es muy reciente: José Cendón (junto a un reportero británico), este valiente fotógrafo que ya anteriormente había estado trabajando en conflictivos países como Ruanda o Burundi…  se encontraba unas semanas atrás trabajando en Putlandia, una zona en Somalia cercana al golfo de Adén, un área muy importante para el tráfico marítimo mundial y donde los piratas somalíes han incrementado en los últimos años su actividad con la captura de decenas de barcos, entre los cuales destaca el superpretolero “Sirius Star

Cendón fue secuestrado cuando se encontraba precisamente a punto de abandonar Somalia tras realizar un reportaje de la piratería en la zona de Putlandia por los propios piratas somalís.

“No me atrae demasiado la idea de ser un fotógrafo de prensa en un país donde las cosas marchan bien”, esto era lo que siempre José contestaba cuando le preguntaban sobre los riesgos que implica ejercer el periodismo de guerra. Él nunca dejó de saber que su profesión lleva implícita la posibilidad de experimentar situaciones extremas de supervivencia, coraje, decisión y valentía. Hasta hoy y desde el pasado 26 de noviembre sigue habiendo negociaciones para su liberación

Pero este no es el único ni el más trágico de los casos, recordemos a Ricardo Ortega, por ejemplo. Los profesionales de la información que ejercen su profesión en territorios hostiles requieren una alta motivación dirigida no sólo a la satisfacción profesional sino también orientada al riesgo, porque aunque no es necesario ir en busca de este último, sí hay que tener conciencia de que existe.

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