China y la UE: incertidumbre política, seguridad comercial

“Bruselas y Pekín iniciaron 2009 constatando que sus intensas relaciones económicas y culturales no se corresponden  con sus zigzagueantes relaciones políticas”. Así Augusto Soto, profesor en la Universidad Autónoma de Barcelona y conocedor de estas relaciones bilaterales tras ser enviado por Efe a Pekín, es como afirma que están las cosas entre ambas potencias.

¿Qué es China en el contexto internacional actual? ¿Qué relaciones tiene China con nosotros, con Europa?

Sabido es que un país puede tener relaciones económico-comerciales muy provechosas y beneficiosas con otro, pero tener unas relaciones políticas poco cordiales. Tal vez sea ese el caso entre el gigante emergente chino y el debilitado gigante europeo.

El iceberg con el que ambas potencias se encontraron y que ha congelado definitivamente la cordialidad de su política bilateral tuvo mucho que ver con la visita del Dalai Lama, líder político del pueblo tibetano, a algunos de los principales países europeos en 2008.

Uno de los mayores conflictos históricos de China ha sido innegablemente el Tibet, y todavía hoy, es uno de sus puntos débiles. No es de extrañar que desatara la furia del gobierno chino, teniendo esto en cuenta, que el Dalai Lama fuera recibido por el presidente francés, Nicolás Sarkozy cuando éste además ejercía la máxima representación en la UE.  Complicado fue que se diera este encuentro, además, pues el presidente francés decidió en un primer momento que fueran sus ministros de exteriores quienes le recibieran, ya que China ya había avisado de lo mucho que sufrirían las relaciones bilaterales si el primer ministro osaba reunirse con el líder espiritual.

Ante estas circunstancias, una potencia mundial puede plantearse, muy a grandes rasgos, tres tipos de estrategias a la hora de tratar con China.

La primera de ellas, es una especie de achantamiento diplomático que consiste en vivir y dejar vivir, una reacción motivada por la comprensible necesidad de mantener relaciones no tanto de amistad (que en algunos casos también), sino más bien de  cordialidad, con una potencia que no se sabe muy bien qué aspira a ser. Esta fue la posición adoptada, por ejemplo, por el presidente de Costa Rica, Oscar Arias,  cuando prohibió la entrada del Dalai Lama a su país para evitar tensiones con  el hermano asiático mayor.

 La segunda de ellas es considerarla como un rival más débil y por tanto permitirse el lujo de pequeños desafíos diplomáticos, que pueden ser tales para el gigante emergente y no tener tal valor para el origen de los mismos. Este es el caso por ejemplo, de Estados Unidos. Este país norteamericano decidió en octubre de 2007 otorgar al Dalai Lama la medalla de oro del Congreso de los Estados Unidos. Podemos imaginar qué clase de sentimiento provocó esto en el corazón de China.

La tercera de las posiciones vendría caracterizada por un vínculo bilateral intermedio que no pretende agradar pero tampoco tensar demasiado una relación que pretende ser, al menos por ahora, únicamente de reciprocidad aparentemente interesada.  Es aquí donde entraría en juego la Unión Europea. Es aquí donde entramos nosotros.  No son eludibles nuestras provechosas relaciones económicas y comerciales con China, pero no lo es menos el hecho de que ambas potencias en los últimos años se han reducido este contacto únicamente.

La europea es una  unión que refleja una heterogeneidad agrupada en 27 Estados que persigue objetivos comunes pero muy difusos, poco consensuados y hoy por hoy, irreales.  Los últimos han sido años políticamente duros para la Unión Europea, aunque económicamente hayan sido los de mayor esplendor. Por eso China tiene en cuenta que puede permitirse el pequeño lujo de no ser demasiado amable con nosotros, algo que no puede hacer con Washington.

Otras tensiones, además de las relacionadas con el conflicto tibetano, han provocado el descontento que impide una mejora extra comercial.  Bruselas hace bien cuando, desde los parámetros democráticos que en mayor o menor medida presiden la UE, desafía el corazón de un gigante que pretende presentarse como tal democrático, pero que esconde bajo sus tentáculos asiáticos una población asfixiada. Desafíos como el premio Sajarov de los Derechos Humanos 2008, un premio que recientemente fue otorgado a Hu Jia, un activista chino de los derechos humanos  que ingenuamente pretendió hacer oír la voz de la violación en la campaña que se hizo antes de los Juegos Olímpicos. Un atroz descontento impregnó las relaciones entre China y la Unión, precisamente porque Hu Jia había sido declarado criminal por la capital asiática.

Entre otros frentes, ¿podrá tener que ver el embargo sobre armas hecho a China desde 1989? China ha intentado hacer ver por todos los medios que sin el levantamiento del mismo, las relaciones bilaterales no iban a estar lejos de la complejidad política. Hemos de dar las gracias a los países cuerdos en esta cuestión como Reino Unido, Dinamarca o Suecia, que discrepan respecto a Francia y Alemania en ello.  Ningún Gobierno que aspire a tener sanas relaciones con una democracia consolidada del mundo debiera tener el poder legitimado para llevar a cabo acciones como las cometidas en Tiananmen,  y estamos en un 2009 en el que se cumple su sensible aniversario. Es cierto que distan del momento actual en casi 20 años, pero no está tan lejos Xinjiang,  los Juegos Olímpicos  o la orden policial y judicial de perseguir a los cristianos.

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