Está por delante la “construcción de una sociedad moderadamente próspera”

El hasta ahora vicepresidente de China, Xi Jinping, se perfila cada vez con más posibilidades de ser el próximo sucesor de Hu Xintao para liderar el gran gigante asiático. Esta hipótesis es la más realista tras el nombramiento, de Xi como el vicepresidente del órgano militar del PPC (Partido Comunista Chino).

El nuevo cargo, un hombre de 57 años, se presenta como uno de los líderes más conservadores del Partido, y defiende la idea de que el  PPC,  que gobierna el país sin alternancia desde 1949, es la ‘garantía fundamental’ para que China alcance sus objetivos de desarrollo económico-social en medio de una crisis mundial de la que ni siquiera este país se libra.

Lo que todos los Estados de la comunidad internacional, los medios de comunicación y la ciudadanía en general se plantea ahora, no es el hecho de quién sea el que suceda al actual presidente, sino las consecuencias de esta decisión. China es la segunda potencia económica sobre el planeta y es preocupante que este peso no vaya acompañado de una clara apuesta por la democracia y el respeto a los derechos humanos. De hecho, Xi sale a la luz como futuro sucesor justo después de que el encarcelado disidente Liu Xiaobo haya recibido el premio Nobel de la Paz por su empeño en la defensa de los derechos humanos en China, un premio que no ha sido bien acogido por el régimen comunista.

Poco se sabe sin embargo, de las intenciones ideológicas y políticas de este nuevo personaje relevante en China, porque le caracterizan la discreción y la conciencia de la necesidad de cambios. Lo que sí sabemos es que el nombramiento ha venido de la mano de los 200 cargos más importantes y conservadores de China, que en la misma deliberación aprobaron el próximo plan quinquenal que buscará la ‘construcción de una sociedad moderadamente próspera’. Confían, y Xi el primero, en una sociedad que siga liderada por un férreo partido que hasta ahora no ha demostrado tener mucho interés en la democracia. Pero desde el PPC sí parecen convencidos de que sin una muestra clara de cambios en su perspectiva sobre los derechos humanos y el bienestar social, la comunidad internacional no les dotará de la confianza que requieren para seguir siendo el gigante económico global en el que se han convertido.

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