La realidad de las tropas españolas en Afganistán

En 1989 España empezó a formar parte de las operaciones de paz que se auspiciaban desde la ONU. La misión en Angola fue la primera y desde entonces, han sido más de 50  las operaciones en las que nuestro país ha participado.

Ahora mismo, las operaciones más notorias en las que España tiene presencia son las de Bosnia, Líbano, Somalia y Afganistán.

Todas ellas son de suma importancia para el Ejército de España y para estos países, que acogen con agradecimiento el trabajo y dedicación de nuestros militares.

La misión más importante y también la más mediática es,  como se sabe, la que está ubicada en Afganistán, con una aportación total de unos 1263 militares españoles de entre más de 30.000 que forman la operación global. El mandato directo de esta misión para nuestras tropas está establecido en la Conferencia de Bonn de 2001, que indica que nuestra responsabilidad será asistir al Gobierno afgano en el ejercicio de su autoridad.

Los atentados del 11 S fueron un antes y un después para Afganistán y por tanto, para el resto de la Comunidad Internacional. En aquel momento Estados Unidos trató de, a través de la operación Libertad Duradera, capturar al líder de Al Qaeda Bin Laden al que todavía no han encontrado. Junto con la potencia norteamericana, una coalición internacional llamada la Alianza del Norte eliminó a los talibanes del poder, momento en que la ONU se hizo cargo en el propio año de 2001 del mantenimiento de la paz en la zona a través de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad en Afganistán (ISAF).

Este control de la ISAF se transfirió a la OTAN en 2003,  un control que dura hasta el momento presente a pesar de que la ONU sigue manteniendo la UNAMA, su propia operación de  paz. Desde agosto de 2003es la OTAN la encargada de controlar la ISAF, su primera misión de paz fuera de Europa.

Es en este contexto donde están ahora situados nuestros más de 1000 hombres y mujeres. Son un contingente militar dentro de la estructura de la ISAF que sirve en el oeste Afganistán, en una de las zonas más pobres del país, la provincia de Baghdis. Esta es un área de Afganistán sometida a duras condiciones, no sólo por la compleja orografía del terreno sino por las extremas temperaturas que los militares están obligados a soportar: 50 grados en verano y 20 grados bajo cero en invierno. Esto supone que el Ejército tarda en condiciones meteorológicas normales una media de una hora en recorrer 16 kilómetros, o lo que es lo mismo, ocho horas para atravesar unos 100 kilómetros.

No son pocas las dificultades que el  Ejército español, como el resto de tropas internacionales, debe enfrentar a diario en esta hostil misión, a la que muchos califican de guerra disfrazada de misión de paz. Son muchas las voces que se alzan opinando al respecto, no en balde es el conflicto más polémico y mediático de la actualidad. El Ejército es en ocasiones acusado de llevar puesto este disfraz. La realidad es que el Ejército se debe a órdenes exclusivamente políticas que provienen del Ministerio de Defensa, y que por tanto, del Ejército lo único que depende y además, lo único que le importa es “la escrupulosa seguridad de nuestros hombres en Afganistán”, como comentaba el Segundo Jefe del Estado Mayor en las Jornadas de Actualización para Corresponsables de Guerra celebradas el pasado lunes.

David Beriaín, respetado corresponsal de guerra,  estuvo  en estas Jornadas invitado por el Ejército de Tierra. Allí, en familia y entre militares y periodistas, hablaba de su experiencia y de la verdadera situación de las tropas españolas en Afganistán, así como de los intereses del Ministerio de Defensa en que ciertas informaciones no salgan a la luz, de la falta de política de comunicación propia de nuestro Ejército y del poco control efectivo que las tropas españolas tienen sobre el territorio en el que están destinados, a pesar de que esto no se deja contar en los medios.

Pese a estas caras enfrentadas de una misma moneda, Ejército y periodistas separados por el Ministerio, ¿cuál es realmente la situación de las tropas?, ¿cuál es la labor exactamente que están desempeñando?, ¿están enfrentando más dificultades de las que se informa a los ciudadanos-contribuyentes?

Le realidad es que parece que conocemos mucho menos de lo que ocurre, lo que en palabras de Beriaín  quiere decir que “no sabemos lo que pasa y aceptamos lo que nos dan, y eso no es periodismo”.

Baghdis, provincia cuya reconstrucción está liderada por el contingente español, es una de las más peligrosas del país y una de las cunas insurgentes más importantes de todo Afganistán. Los propios afganos cifran entre un 60% y un 90% las áreas que están bajo control talibán, lo que deja a las tropas españolas un margen de actuación muy dificultoso. Pero, ¿qué significa que un territorio está bajo control talibán? No quiere decir necesariamente que las calles de la provincia están vigiladas por afganos y radicales islámicos armados. Más bien es todo lo contrario, el control es sinónimo de apoyo de la población civil afgana. Como los propios talibanes afirman “ayudamos a la gente y solucionamos sus problemas bajo la ley islámica”. Y normalmente la ayuda talibán a los civiles de Afganistán es más eficaz, más rápida y menos polémica que la ofrecida por la ISAF o en este caso por los españoles. Este es uno de los principales escollos del Ejército español, ante el cual además no puede luchar, puesto que los propios talibanes se encargan de tergiversar las buenas intenciones del Ejército para terminar presentándolas como iniciativas hostiles hacia la población afgana.

La peligrosidad de la zona llega hasta tal extremo que la base española de Qala i Naw  tiene algunas rutas de acceso truncadas, como por ejemplo la que conecta con Herat. Esto implica que a muchas áreas del territorio que supuestamente debiera controlar el Ejército, no llegan los proyectos que por ejemplo la AECID debe mantener allí. Nuestra Agencia de Cooperación subcontrata empresas afganas las cuales deben pagar de manera institucionalizada un 10% a los talibanes para poder trabajar sobre el terreno. Esto supone que el dinero que el  Ministerio de Defensa destina a la reconstrucción de Afganistán está terminando en la refinanciación de las redes talibanes del país.

Las amenazas del  contingente español son, por tanto, muchas. Debe lidiar con las críticas de la sociedad por la imagen de una guerra encubierta con otros muchos frentes. Desde el narcotráfico, hasta el resultado de las pasadas elecciones,  el control creciente de los insurgentes, su apoyo desde el exterior por países como Irán, el incremento de la eficacia y sofisticación de los IEDs o artefactos improvisados, las numerosas emboscadas y hostigamientos, el terreno físicamente hostil, y sobre todo, la política impuesta por el Ministerio de Defensa, a quien debe lealtad sean cuales sean las órdenes.

Después de todo, si la visita de Zapatero al contingente español cumple su función, deben juzgarlo los propios militares y el resto de la sociedad española.

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2 respuestas a La realidad de las tropas españolas en Afganistán

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