La España desagradecida de la crisis

España es un país desagradecido que no está sabiendo valorar lo que su Gobierno está haciendo en estos duros momentos de crisis económica. Los españoles no sabemos apreciar la importancia de las beneficiosas decisiones que el Ejecutivo está adoptando por el buen futuro de nuestro país.

 Parecemos, por ejemplo, no habernos dado cuenta de que tal y como había sido prometido por el entonces líder de la oposición en la campaña electoral, las pensiones no se han reducido, y según ha sido anunciado recientemente, tampoco lo serán en adelante. Aunque quizás el matiz de su afirmación literal, “no tengo intención de bajar las pensiones el próximo año”, dé lugar a lícitas interpretaciones, y es que ya se sabe que el infierno está lleno de buenas intenciones.

Tampoco parece que nos hayamos percatado de que los ciudadanos españoles somos el centro de la preocupación de nuestros gobernantes con la adopción de una medida como la retirada de la tarjeta sanitaria a los inmigrantes ilegales para con ello optimizar los recursos sanitarios en la atención del paciente español, una medida ante la que, por cierto, ya hay una gran cantidad de médicos ejerciendo el derecho de objeción de conciencia que recoge el Código Deontológico de la Organización Médica Colegial, al que se acogen los profesionales sanitarios para casos como el aborto o la eutanasia.

Realmente, el español de a pie no valora medidas como la congelación de la oferta de empleo público hasta 2014, ya que al fin y al cabo las privilegiadas Administraciones Públicas y los vagos aspirantes a entrar en ella deben redimirse por la interminables prebendas inmerecidas, aunque quizás quepa recordar algunas cosas que se suelen olvidar con demasiada facilidad , como por ejemplo, la afirmación del Secretario Nacional de Formación del Sindicato de Funcionarios CSI-CSIF: “no somos privilegiados ni del siglo XIX, somos médicos, enfermeros, bomberos, policías, profesores y personas que te realizan los trámites que necesitas. No estamos dispuestos a pedir perdón por trabajar al servicio del Estado, un puesto que nos hemos ganado tras un proceso de selección libre, transparente y abierto a todo el mundo”

Y todavía hay más razones para decir que España está siendo desagradecida y que se está comportando como un ingrato país que se queja de vicio. Una de las cortesías del Ejecutivo que han pasado más desapercibidas en las últimas semanas de temidos anuncios de recortes, ha sido la aprobación por el Consejo de Ministros el pasado 13 de julio de la medida por la cual se obliga a 85 ex-altos cargos del anterior gobierno a renunciar a uno de los dos sueldos que percibían con cargo a los presupuestos públicos. La medida se hizo efectiva cuando el Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas envió una carta a cada uno de los desafortunados instándoles a elegir entre percibir la pensión indemnizatoria por el cargo que han dejado de ostentar y el sueldo actual. Tras el envío del requerimiento, 55 de los 85 que lo habían recibido contestaron al mismo trasladando al Ministerio su decisión, mientras que el resto desistieron de responder, razón por la cual “el Ministerio por imperativo legal entiende que renuncian a la pensión correspondiente”. El ex-presidente del Gobierno, José Luís Rodríguez Zapatero, es por ejemplo uno de los que se apresuró a contestar a la carta remitida por el departamento ministerial dejando constancia de su renuncia al 80% de los 75.000 euros que le correspondían durante dos años como ex-alto cargo del Estado, para quedarse únicamente con el sueldo que actualmente percibe como miembro del Consejo de Estado, que asciende a 80.000 euros.

Sin lugar a dudas, el español que ose fruncir el ceño por la situación que pueda estar atravesando, no tiene razón para ello. Al fin y al cabo, políticos y ex-altos cargos también están siendo duramente afectados por los necesarios recortes. No obstante, sería legítimo preguntarse cuántos de los afectados por la estafa de las preferentes han recibido una carta del Gobierno preguntándoles de qué modo puede el Ejecutivo ayudar a zanjar este fraude; cuántos de los licenciados que han invertido sus mejores años de formación en España han recibido un requerimiento del Ministerio de Educación instándoles a escoger entre irse al extranjero o quedarse esperando a que la reforma laboral comience a dar mejores frutos; cuántos enfermos crónicos de este país han recibido en los buzones de sus casas una misiva en la que el Ministerio de Sanidad les consultara acerca de la lista de los 423 medicamentos que dejan de estar subvencionados públicamente para caer íntegramente sobre pacientes que dependen de ellos diariamente.

 El artículo 9 de la Constitución Española de 1978 garantiza la igualdad material de todos los españoles, e insta a los poderes públicos a promover las condiciones para que ésta sea real y efectiva. Ante tal mandato de la norma fundamental es comprensible que el licenciado, el estafado por las preferentes, el funcionario, el pensionista… quede indignado ante un agravio comparativo de tan abismales proporciones.

Sin embargo, aún hay razones para ser agradecidos. Estimados ex-altos 85 cargos, gracias por coadyuvar con su cuantiosa aportación a la reducción del déficit público. Estimado Ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, nuestra más sincera gratitud por un requerimiento tan respetuoso con la voluntad de ciertos españoles.

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Una respuesta a La España desagradecida de la crisis

  1. puxaalonso dijo:

    Irónico, cuanto menos … ;)

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