Los nini de pura raza no abundan en España

Esta semana y como consecuencia del nuevo informe de la OCDE sobre el Panorama Educativo 2013, ha inundado las portadas de todos los periódicos el dato de que el colectivo ni-ni se ha disparado un 69% desde el inicio de la crisis.

Existe una confusión demasiado generalizada que ha llevado a una estigmatización injusta de una gran parte de los jóvenes españoles: el colectivo NI-NI.

¿Quiénes son verdaderamente los ni-ni?, ¿cuál es la primera imagen que a cualquier ciudadano de a pie se le viene a la mente cuando piensa en estos jóvenes? Probablemente la de un joven vago que ni quiere estudiar ni trabajar. Nada más lejos de la realidad y sobre todo, nada más cerca de otra de las injusticias que se está cebando con los desesperanzados jóvenes de esta sociedad.

El nini de pura raza es el NI-NI-NI: ni trabaja, ni estudia, ni quiere hacerlo. Este último “NI” es el más obviado por medios de comunicación, periodistas, ciudadanos e incluso políticos y cargos públicos que debieran utilizar la información con rigor y respeto.

Se tiende a estigmatizar al colectivo nini responsabilizándole de decisiones que, en una abrumadora mayoría de casos, no han tomado voluntariamente: bien  no trabajar ó bien no estudiar. Y se tiende con demasiada alegría al imaginario colectivo del joven vagando por las calles durante el día y haciendo botellón por las noches, sin ninguna ambición ni interés por dar un giro a su situación personal y laboral. No hay que negar que sí existe un porcentaje de jóvenes que responden a este perfil irresponsable, pero tampoco se puede generalizar esta actitud hasta llegar a afirmar que el 24% de las personas comprendidas entre 15 y 24 años ni quieren trabajar ni quieren estudiar.

Después de muchos meses leyendo titulares con gran falta de rigor en el manejo de los datos y escuchando a periodistas en tertulias que no se hacen eco de la verdadera situación que subyace en la juventud, hay que destacar uno de los mejores informes que podía arrojar algo de justicia a la cuestión: “Desmontando a ni-ni, un estereotipo juvenil en tiempos de crisis”, dirigido por el profesor Navarrete Moreno de la Universidad Complutense de Madrid. Según este documento, sólo el 1,73% de personas jóvenes entre 16 y 29 años son ni-ni de pura raza, es decir, son 136.000 los jóvenes que tienen este perfil en España. Muy lejos del 24% publicado esta semana.

La gran mayoría de los jóvenes que están entre ese 1,73% y el 24% publicado, es decir, los ni ni forzados, son jóvenes excluidos del sistema en una doble vía, la laboral y la educativa.

El 57% de desempleo que presenta este colectivo avala la exclusión por la vía laboral. Y entre ellos, especialmente dramática resulta la coyuntura en la que se encuentran titulados universitarios que tras haber hecho una importante inversión económica y en términos de tiempo y esfuerzo, no encuentran su lugar profesional.

En cuanto a la exclusión educativa, en primer lugar puede ser voluntaria. Comprensiblemente, una parte de los jóvenes que ya han permanecido en el sistema educativo un buen número de años, no encuentran estímulo o necesidad de seguir acumulando titulaciones. Pero la preocupación más llamativa proviene de la exclusión educativa impuesta, y que es predicada de aquellos que con la subida de tasas universitarias no pueden permitirse el gasto de seguir estudiando, sobre todo, si se tiene en cuenta que dos millones de familias en España, siendo éstas el principal colchón protector del Estado del Bienestar español, tienen a todos sus miembros en paro. Y es predicada también de aquellos que no pueden cursar un postgrado, tan importante tras las modificaciones operadas por el Proceso de Bolonia, porque los másteres oficiales se han encarecido un 69%.

Son los jóvenes de la eterna espera. Los que se levantan por la mañana y no se despegan del móvil porque tal vez suene con algún teléfono desconocido que responda a alguno de los curriculum que llevan meses enviando. Ni ni va hoy asociado a pérdida de esperanza e ilusión. Que me lo digan a mí, y a los compañeros que se licenciaron conmigo hace ahora dos años.

Esos jóvenes puede que sean NI-NI, pero no son NI-NI-NI.

 

 

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